Imagen corporal

Imagen corporal

Durante mucho tiempo llevo una lucha interna con mi imagen. La imagen corporal se define como los pensamientos, percepciones y actitudes de uno sobre su apariencia física. ¿Cómo te ves y te sientes acerca de tu cuerpo cuando te miras en el espejo? Cuan alto eres, cuan flaca, que color es el pelo, la piel, los ojos, en fin, todo lo que podemos ver en un espejo.

Hay dos maneras de ver la imagen corporal de una manera positiva y de una manera negativa. La imagen corporal positiva es una percepción clara y verdadera de cómo es tu cuerpo; que vez en ese espejo y viendo las diversas partes de su cuerpo como realmente son. Sin tabúes y con aceptación.

La Asociación Nacional de Desordenes Alimentarios nos dice que Una imagen corporal negativa, por otro lado, implica una percepción distorsionada de la forma de uno. La imagen corporal negativa (o insatisfacción corporal) implica sentimientos de vergüenza, ansiedad y autoconciencia. Las personas que experimentan altos niveles de insatisfacción corporal sienten que sus cuerpos tienen fallas en comparación con los demás, y es más probable que estas personas sufran de depresión, aislamiento, baja autoestima y trastornos alimentarios.

Este comportamiento hacia nuestro cuerpo puede comenzar en niñas a partir de los 6 años mientras que para los niños podría comenzar en su adolescencia. Según los años pasan y este desorden no es atendido peor podría volverse.

De pequeña fue una niña obesa, los sobrenombres no faltaron, el que más recuerdo es bolita savoy. Ni recuerdo a que se refería la palabra savoy que en aquel momento me gritaban en el patio del colegio, solo sé que ese era mi sobrenombre. Eso nunca me detuvo, creo que siempre he sido una persona resiliente sin saber que significaba esa palabra en aquel momento. Tenía mis compañeros, jugábamos de todo y era un poco alborotosa en el colegio. Siempre me invitaban a las actividades y mi día a día era bastante normal, creo que por eso no me afectaba tanto en esos momentos. Si bien mis compañeros de clases me decían nombres no me excluían del grupo y el hecho de que corriera más rápido que ellos solían intimidarlos un poco.

La cosa se puso interesante durante mi adolescencia, donde los cambios corporales comenzaron a surgir, así como los estados de ánimo. En ese momento descubrí que serás tan popular como así sean las curvas en tu cuerpo. Comencé a llamar la atención de los jóvenes que vivían cerca de casa, los muchachos comenzaron a visitar mi hogar y estábamos horas muertas relajando sentados todos frente a mi casa. Sin embargo, este cambio en mi cuerpo comenzó a llamar la atención de hombres que en algunas ocasiones me podrían triplicar la edad. Los controles de las salidas de mi hogar a caminar se hicieron mas rigurosas y mi participación en varios deportes también se vio afectada. El jugar baloncesto con el sexo opuesto ya no era tan excitante y el tener que estar mirando a todas partes las 24 horas era honestamente una misión exhaustiva.

No me mal interpreten, no estoy diciendo que era la ultima gota de agua del desierto, lo mismo pasaba con otras vecinas que tenían mi edad y también sus salidas a caminar se vieron afectadas.

Gracias a que estar a la moda no iba conmigo, si prestaron atención arriba el deporte era lo mío y estaba en baloncesto y voleibol, pude hasta cierto punto controlar las miradas en la calle. Esto resulto ser un golpe fuerte a mi imagen corporal, siempre había querido ser como mis amistades, estar en el peso adecuado para evitar los sobrenombres, pero no esperaba que la pubertad trajera consigo otras complicaciones.

El golpe más fuerte a mi imagen corporal en esa época fue mi experiencia en la escuela intermedia. Nunca he sido de mucho maquillaje y esto me ha traído muchas situaciones en la vida. Quien diría que un poco de polvo y labial me harían pasar por tantas experiencias. Cuando tenía 15 años ya me encontraba desarrollada completamente en una copa 36B y talla 3 de pantalón. Durante mis años en la escuela pertenecí a ambos lados del espectro; al grupo de los estudiantes populares y a los geeks, como se le llama hoy en día.

Una vez en cuando me encontraba cursando más o menos el noveno grado se comenzó a rumorar que yo era lesbiana, tengan en cuenta que me encontraba en una escuela católica y que esto significaría una intervención de parte de los maestros para llegar al fondo del asunto. El argumento de mis compañeros de clases para decir que yo era lesbiana porque no usaba maquillaje y me gustaban los deportes. Eso fue una conmoción en el colegio y estos decidieron enfrentarlo sumamente profesional. Un día llegue a la clase de ingles o de religión, no recuerdo cual, y me pararon frente a la clase donde comenzaron a hablar de como una persona que despelleja a una gallina no podrá nunca volverle a poner de nuevo las plumas.

Con la imaginación que tengo me imaginaba desplumada con cinta adhesiva en algunas partes y con alguien persiguiéndome para quitarme las plumas. Vaya imagen corporal que cree luego de esa pequeña intervención frente al salón de clase. Vaya autoevaluación y manera de confundir la mente de una adolescente en desarrollo.

Pasaron los años, los piropos, los novios y varias situaciones de salud y llegue a la universidad. Unos años hermosos con sus retos, pero hermosos. Ya había tenido una operación por mi condición de endometriosis, varios experimentos con los medicamentos pues en esa época no se conocía mucho aun de la condición. Todo eso paso a un segundo plano momentáneamente, me había enamorado del que es hoy mi esposo, pero mi guerra con mi cuerpo continuaba fuertemente. Comía una vez al día temprano en la mañana, tomaba mis clases, compartía con mi novio y me iba a mi casa. Los desordenes alimenticios comenzaron a ser notados en mi casa y por mi novio y entonces comenzaba otra guerra interna dentro de mí.

Comenzaron a servir comida en la mesa, mi novio me esperaba para almorzar y así sucesivamente. Comencé a ver como aumentaba de peso y por mi condición me recetaron pastillas anticonceptivas. El peso se acumulo en un abrir y cerrar de ojos, estar cómoda en mi propia piel resultaba difícil. Mirarme en un espejo resulto casi imposible desde mis 30 a 34 años. El aumento de peso había sido sustancial pero no había razón para ese aumento, todas mis pruebas de sangre, azúcar, tiroides y otras salen excelente. Hacia ejercicios de manera regular y tenia estamina.

Salir adelante:

Salir delante de este desorden que me consumía día a día no fue fácil, aún hay días que tengo que atender mis pensamientos y trabajar un poco conmigo misma. La práctica del “mindfulness” me ha enseñado a abrir mi mente a pensamientos, negativos y positivos, sobre mi imagen. Aprendí a pararme en el espejo y aceptar lo que estaba viendo. Estar allí en el presente, solos mi reflejo y yo me aceptando poco a poco a mí misma a como me veo y cambiando mis pensamientos de negativos a positivos. Aunque al sol de hoy aún no sé qué me ha hecho aumentar tanto de peso mantengo una dieta sana, hago una hora de ejercicios fuertes tres veces a la semana y trato de ser lo menos sedentaria posible en mi área de trabajo. Mi imagen aun me molesta de vez en cuando, pero estoy aprendiendo a amarme poco a poco todos los días. Sin importar cuan cruel pueda ser una persona.

Mindfulness que es el estar presente en el momento no huir de lo que siento, si no más bien que observarlos y comenzar a aceptar que puedo cambiar mi forma de pensar. Aprender a reconocer estos pensamientos y sentimientos que tenía hacia mi pude comenzar a ver mi yo interior, crear nuevas estrategias de como trabajar con el asunto y crear nuevos hábitos que me ayuden a continuar creciendo y amándome día a día.

El apoyo de mi esposo en cuanto a mi imagen corporal ha sido extraordinario, cosa que me ha ayudado a no pensar tanto en mi peso, estatura, etc. Comencé a visitar una nutricionista a ver si un ajuste a mi dieta era necesario y he estado pensando de manera positiva hace ya varios años.

 No todos podemos enfrentar este desorden como lo he hecho yo y lo hacen muchas personas, hay quienes necesitan ayuda de profesionales y es algo que no debe esperar, el estigma no nos puede ganar.

Visita a un profesional que te pueda ayudar, nunca es demasiado tarde para comenzar a cuidarnos.

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